Guatemala tendrá en 2026 seis cambios trascendentales en los liderazgos de instituciones clave del Estado: Tribunal Supremo Electoral; Corte de Constitucionalidad; Ministerio Público; Rectoría de la Universidad de San Carlos; Contraloría General de Cuentas de la Nación; y Banco de Guatemala/Junta Monetaria.

Este conjunto de cambios y sus resultados configurarán el escenario en el cual se desarrollarán en 2027 las elecciones generales para elegir al nuevo presidente, diputados, alcaldes y parlamentarios centroamericanos.

Estos cambios, tanto de 2026 como de 2027, se dan en el marco de una pronunciada polarización en la cual las distintas fuerzas influyentes sólo se plantean el control del péndulo: dominarlo para afectar a sus contrapartes. El interés nacional y el bien común están bastante desdibujados y supeditados a intereses particulares, aunque estos se presenten como democráticos.

No tiene nada de loable la llamada “nueva política” desde el momento en que consiste en una mera descalificación a mansalva en contra de quienes no piensen como los que la promueven. No se atacan las ideas de adversarios, se les pretende eliminar. Y ello, lamentablemente, no hace más que preparar el camino hacia la violencia política como ya está ocurriendo en varios países de América Latina y en los países del norte del continente.

La inercia actual es destructiva y es momento de sensatez. Apostarle al dominio del péndulo no hará más que profundizar el enfrentamiento y el deterioro institucional. No cabe – y mucho menos para quien está llamado a ser estadista – alimentar el discurso confrontativo y de negación de las diferencias. Justamente en eso consiste la política y la democracia: administrar las diferencias de manera tolerante, bajo el marco de la legalidad y la búsqueda constante de la armonía social.

Para oxigenar esta peligrosa situación e inercia se necesita, antes que nada, romper la actitud de negación y de ensimismamiento que una gran cantidad de sectores nacionales están ejerciendo. “No veo, no existe”, pareciera ser la consigna actual. La actitud debe ser de enfrentar el desafío, pero con responsabilidad, madurez, tolerancia y sentido de detener la polarización destructiva que vive Guatemala.  

Bajo el axioma de que “espacio que se deja vacío, otro lo llena”, de no desarrollarse esa actitud proactiva y disruptiva mencionada para contribuir a rescatar Guatemala, se les dejará el camino libre a los polos de la autodestrucción para que uno de ellos se imponga sobre el otro, y ello afecte aún más al país.

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